César Medina: “Guido fue a boicotear la convención”

Guido Gómez Mazara

A nadie ha debido sorprender el incidente de ayer en la convención perredeista porque el propósito era cuestionar la transparencia de ese proceso y trastornar la candidatura presidencial de Miguel Vargas, cuyos seguidores destilaron torpeza por los cuatro costados.

La presencia de Guido Gómez Mazara como candidato a la presidencia de un partido que ya le es ajeno, tuvo siempre el propósito de boicotear esa convención como parte del plan de Hipólito Mejía de ser candidato presidencial por otra formación que ya tiene nombre y apellido.

Pero antes es necesario crecer sobre los escombros del perredeismo y para ello se imponía frustrar la convención que renovaría su dirigencia nacional como paso previo a la escogencia de sus candidaturas a las elecciones del dieciséis.

La estrategia pepehachista ha sido siempre la misma, y lo de ayer en la Casa Nacional no es sino la repetición de los acontecimientos del 26 de enero del año pasado cuando una turba frustró a tiros la celebración de una reunión del CEN y provocó heridos y múltiples destrozos.

En ambos casos los resultados se saldan con el absoluto descrédito del PRD al decretar una división violenta mientras se descalifica para presentar al electorado una candidatura con posibilidades de triunfo. Sobre todo porque aleja cualquier entendimiento en el evento de una segunda vuelta electoral.

“Fríamente calculado…”
Abundan las evidencias de que los incidentes de ayer fueron calculados con mucha anticipación. Afortunadamente la violencia no cobró víctimas fatales, aunque se reportaron algunos heridos leves.

Obtuvieron, sin embargo, el objetivo de poner en cuestionamiento la elección de Miguel Vargas como presidente del partido, y obviamente tratar de invalidar el proceso de elección de candidaturas para las próximas elecciones, empezando por la del propio Vargas a la Presidencia de la República.

En su papel de quinta columna para darle el tiro de gracia al PRD, Gómez Mazara no fue capaz de observar que el proceso le dio la gran oportunidad de contrapesar internamente el liderazgo transitorio de Vargas y que sólo en ese rol podía él romper las ataduras que le vinculan al pepehachismo más violento y radical.

Pero no hizo más que reiterarse en un pasado de conflictos y agresiones, cuando no físicas por lo menos verbales y con las mismas pasiones que todos creían superadas en él después que aparentó haber puesto distancia con el grupo del expresidente Mejía.

Gómez Mazara, con su actitud hostil, garantiza la continuación de un conflicto que se extenderá ahora al ámbito judicial y que de seguro le agenciará trabajo al Tribunal Superior Electoral en los próximos meses. Justo lo que buscaba el pepehachismo mientras alienta su nuevo partido y trata de fortalecer la Convergencia.

De torpeza en torpeza…
El exceso de celos, el triunfalismo y la incapacidad del miguelismo para gerenciar un evento que tuvo siempre bajo su control, provocaron que la opinión pública más hostil actuara en su contra.

A eso se sumó un vanguardismo que se antepuso al sentido común para tratar de evitar que se repitiera el asalto del 26 de enero. Se prepararon para repeler una agresión que no pasó del insulto y la alharaca propia del perredeismo más tradicional, y en semejante escenario bastaba un solo disparo al aire para provocar que el suceso se sobredimensionara.

A todo esto los otros dos protagonistas se fueron del país, conscientes de lo que se avecinaba… Por supuesto, estando fuera nadie osaría atribuirles responsabilidad alguna… Tomado de Listín Diario

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