Vulgar racismo en el asesinato del haitiano

Roberto Valenzuela

Debo admitir que hubo de ocurrir un crimen abominable de una persona indefensa y una lluvia de manipulaciones para comprender que aquí hay racismo, discriminación con los haitianos. Entendí por qué la lucha de organismos internacionales y locales para que se respeten los derechos de los haitianos.

De no haber sido por la rápida intervención de la Comisión de los Derechos Humanos y su presidente, Manuel María Mercedes, el haitiano asesinado por una patrulla policial queda como el agresor, el que quería desarmar los agentes. Para justificar el injustificable crimen, trataron de vender la idea que los haitianos del barrio 27 de Febrero comen gente, tienen armas y que hay que hacer un operativo de desarme…

Son muchas mentiras. Yanisel Yan (Sedien) no tenía 20 años, como informó la Policía y varios medios de comunicación. Era un hombre de más de 40 años (alguno amigos dicen que 45). Tenía cinco hijos y una mujer embarazada. Era un popular vendedor de chicharrón que acostumbraba “dar a probar” a todo el mundo para motivar a que le compren.

El sábado que lo mataron había estado jugando poker y ganó más de RD$2,000. Cuando el segundo teniente José Suriel Díaz (acostumbrado al macuteo de haitianos y dominicanos) llega al barrio fue enterado de que había ganado el dinero. “Tú me tienes que dar ese dinero o va preso y deportado”, narran testigos de la discusión. “Para quitarme el dinero me tienes que matar”, respondió Yanisel  y dio la espalda y se marchaba. No hubo forcejeo, como dijo la “PN”. El teniente le dio un tiro con “una bala explosiva”, según relatan.

El hombre cae desangrándose y gritando: “Ayúdenme, no me dejen morir”. Al llegar la unidad de emergencia 9-1-1 los demás haitianos se opusieron a que fuese socorrido, decían que el que lo hirió tenía que aparecer. Los vecinos estaban protestando por el abuso contra un hombre de trabajo al que todo el mundo quería. Las protestas no fueron protagonizadas  por haitianos (como se dijo), sino por vecinos sin importar la nacionalidad.  Varias personas resultaron heridas, incluyendo policías y reporteros.

Inmediatamente, como si los haitianos no son seres humanos, la Policía dijo que hubo forcejeo, que los haitianos estaban obstaculizando  y “la patrulla” fue a poner “orden y hubo resistencia”.

La Policía “…debe condenar ese macuteo y cobro de peajes, que se ha convertido en una práctica común, que  sí no hubiese existido, caso como este no hubiera ocurrido”, reaccionó el presidente de los Derechos Humanos. Y agregó: “Al suceder el hecho sus compatriotas se vieron indignados ante ese horrendo crimen sin justificación que había cometido ese agente por el hecho de que se negara a pagar un peaje. Estaba cansado de que lo poco que ganaba tenía que dárselo  a un agente sin violar ninguna ley”.

Desenfocado y desinformado, el procurador Francisco Domínguez Brito declaró  que es “inaceptable e inadmisible” la agresión de los haitianos contra la Policía y dominicanos indefensos del barrio 27 de Febrero. Al procurador y los racistas –que hablan sin saber– les estoy pidiendo que vayan al lugar donde cayó el haitiano (aún está fresca la sangre) y que conversen con la gente. Sabrán que haitianos y dominicanos son víctimas de los agentes, que como tienen salarios de miseria, el macuteo, chantaje y los peajes son una cosa normal.  ¿Quién será la próxima víctima? Autor: Roberto Valenzuela

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