Miles de personas ovacionan a Guerrero en su entronizado en Cooperstown

Vladimir Guerero exaltado al Salón de la Fama

Chipper Jones fue la estrella en ceremonia entronización de seis nuevos inmortales

Cientos de personas ovacionaron este domingo a Vladimir Guerrero durante el acto de su entronización en Cooperstown, que también recibió a otros cinco miembros.

Durante el desarrollo de la ceremonia, que se realizó al aire libre, los presentes agitaron banderas de República Dominicana, con lo que demostraron el regocijo por la exaltación del ahora denominado la Tormenta de Don Gregorio.

Guerrero habló en español durante unos cinco minutos. Agradeció a su padre y a su madre, quien cocinaba la cena para él y ahora lo hace para su hijo Vladimir Jr., de 19 años, la mejor promesa que hay actualmente en las ligas menores y que juega para la organización de los Azulejos de Toronto.

Guerrero fue nueve veces elegido para el Juego de Estrellas, llegó al Salón con .318 de promedio de bateo, 449 cuadrangulares y 1.496 impulsadas en 16 temporadas de acción.

Se convirtió en el primer pelotero entronizado en Cooperstown con la gorra de los Angelinos, el equipo con el que tuvo sus mayores éxitos después de jugar con los Expos de Montreal.

“Estoy feliz de poder hablar ante ustedes. Siempre hablaba a través de su bate”, destacó Guerrero, quien también agradeció todo el apoyo recibido por su familia.

Entre los nuevos seis miembros recibidos en el recinto sagrado del Salón de la Fama del béisbol profesional, también fue entronización Chipper Jones, quien se destacó como la gran estrella que brilló de manera especial en el momento de ofrecer su discurso de exaltación.

Como siempre hizo en su etapa de pelotero de 19 temporadas, Jones en ningún momento sintió la presión natural que se genera en una ceremonia de tanta transcendencia, y por el contrario la exestrella de los Bravos de Atlanta pronunció un discurso conmovedor.

Siempre bajo la mirada de su esposa Taylor, quien en cuestión de horas dará a luz a un hijo que recibirá el nombre de Cooper, en honor al recinto de Cooperstown, tras este día especial.

“Ella cambió mi vida para siempre”, destacó Jones. “Hicieron falta 40 años y algunas imperfecciones graves en mí en el camino para encontrar mi verdadera profesión. Ahora, hemos integrado a nuestras dos familias. Esto me ha dado lo que he buscado durante mi vida entera, la felicidad auténtica”.

Unos 50,000 espectadores se congregaron en un día soleado para rendir honores a los seis nuevos miembros del Salón de la Fama. Los otros cinco fueron el dominicano Vladimir Guerrero, Jim Thome, Trevor Hoffman, así como los excompañeros de los Tigres de Detroit, Jack Morris y Alan Trammell.

Jones controló sus emociones durante un discurso en que rememoró toda su carrera, comenzando con su campaña de novato, cuando ayudó a que Atlanta ganara la Serie Mundial de 1995.

Sin discusión, Jones fue uno de los mejores bateadores ambidextros de la historia, a la imagen del legendario Mickey Mantle, el pelotero a quien idolatraba su padre y de quien dijo, que sin su guía, no hubiese logrado el sueño del Salón de la Fama.

Jones concluyó su carrera con promedio de bateo de .303, 468 cuadrangulares y 1.623 carreras producidas, producción que le valió la elección al recinto de los inmortales en el primer intento.

Thome, quien se mostró muy emocionado en febrero, durante una visita al museo del Salón de la Fama a fin de prepararse para este día, mantuvo ahora la compostura. Eso sí, se limpió las lágrimas después de que su hija Lila cantó el Himno Nacional.

“Estoy muy honrado de ser parte de algo tan especial”, señaló Thome. “El béisbol es hermoso y yo estoy por siempre a su servicio”.

El zurdo bateó 612 cuadrangulares, octavo en la lista de los mejores de la historia. Impuso un récord de las Ligas Mayores con 13 jonrones con los que puso fin a un juego, la mayor parte con los Indios de Cleveland. Sumó también 1.699 remolcadas, 1.583 anotadas y 1.747 bases por bolas.

Thome tuvo un agradecimiento especial a Charlie Manuel, exentrenador de bateo de los Indios, que estuvo presente entre los aficionados que acudieron a la ceremonia.

Como lo hizo el exrelevista implacable, Hoffman, quien no mostró un solo atisbo de nervios al pronunciar su discurso, que cerró con un agradecimiento a su esposa.

“Compartiste conmigo este viaje asombroso de altibajos desde el comienzo, sin permitirme nunca que el éxito se me subiera o que el fracaso me hundiera”, admitió Hoffman. “Te amo”.

Elegido en su tercer año en la papeleta, Hoffman jugó buena parte de su carrera con los Padres de San Diego, y la finalizó con los Cerveceros de Milwaukee. Durante tres años, no logró impresionar a los ejecutivos como campocorto, por lo que se mudó al bullpen y se convirtió en una estrella.

Morris, quien tiene ahora 63 años, lanzó 18 temporadas para los Tigres, Mellizos de Minnesota, Azulejos e Indios, y ganó cuatro veces la Serie Mundial. En los 80, lideró a todos los lanzadores con 2.444,2 entradas de labor y 162 victorias. Logró 1.629 ponches y encabezó también la Liga Americana en esa faceta del juego.

El momento cumbre de Morris fue su victoria por 1-0 con juego completo en el séptimo enfrentamiento de la Serie Mundial de 1991, lanzando por los Mellizos de su ciudad natal contra los Bravos.

El piloto de Minnesota, Tom Kelly, quería retirarlo después de nueve entradas, pero Morris, de 36 años, lo convenció de no hacerlo.

Trammell jugó durante 20 temporadas como campocorto, siempre con los Tigres. Elegido seis veces al Juego de Estrellas, ganó cuatro Guantes de Oro y tres Bates de Plata. Su porcentaje de fildeo de .977 es sexto entre los torpederos que han jugado al menos 2.000 partidos.

Morris y Trammell fueron elegidos juntos en diciembre por un comité de veteranos, lo que hizo la jornada más especial para ellos. EFE

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