Crisis de la democracia en la UASD

Rafael Morla candidato a rector UASD

Por Rafael Morla

Si algo pone de relieve el actual proceso electoral que vive la Universidad Autónoma de Santo Domingo es la crisis interna de su propia democracia. Más allá de los estatutos, reglamentos y formalidades, están los roedores de tejido social uasdiano, que trabajan las 24 horas para vigilar y mantener el statu quo, y de paso buscar socios fiables que los representen en la esfera del poder universitario. ¿De qué democracia se habla cuando el poder del dinero mueve las voluntades, debilita los principios y lanza a la hoguera implacable de los antivalores las viejas lealtades?

Dice el gran Eugenio María de Hostos que la moral constituye el fundamento de la vida social e institucional, si es así, al final de la actual contienda por el poder estaremos totalmente des- fundamentados.  En consecuencia, bajo nuestras narices se ejecuta un verdadero matadero de los valores que le dieron razón de ser a la UASD. ¿A dónde irán valores estatutarios como la trasparencia, la verdad, la equidad y la responsabilidad?

Creo en la UASD y en su capacidad para enrumbarse por el camino de los cambios necesarios, superando las impertinencias y colocándose a la altura de los tiempos, pero eso de gastarse millones de pesos en campaña, comprar votos, promover el transfuguismo, no decir lo que se piensa, realizar falsas promesas, constituye un asesinato de la democracia y una traición a la institución.

Siempre se espera lo mejor, pero nadie puede evitar la posibilidad de que resulte lo peor. ¿Por qué? Porque es un problema sistémico, donde la propia complejidad del problema hace que trascienda las elecciones del próximo 20 de junio, independientemente del nombre de quien pudiere resultar electo.

Para que se vea que no es un asunto personal, que se resuelve con elecciones, en los últimos 35 años hemos elegido 12 rectores, y el proceso de desinstitucionalización, el clientelismo, el patrimonialismo y el inmediatismo han seguido su acelerado curso. ¿Cuál es la causa de esta situación? Que todas las elecciones fueron fruto de una democracia enferma, pautada por el simple interés de llegar al puesto (como acontece ahora mismo), y no en una discusión profunda de los males existentes, conforme al interés institucional y los requerimientos nacionales.

Estamos en una academia, donde se supone que todos debemos buscar y tratar de vivir en la verdad, y debe saberse, además, que en el mundo hay un orden aparente, así como una dimensión profunda del acontecer. Los griegos lo sabían, pero fue Marx el que dijo con toda claridad, que si esos dos órdenes coincidieran no fuera necesaria la ciencia y la filosofía.

Si hurgamos en la buena historia de la UASD nos encontramos con la halagüeña noticia de que el Movimiento Renovador Universitario no fue una obra personal, fue la acción, el pensar, la voluntad, la vocación, el coraje y el sentido de responsabilidad histórica de decenas de hombres y mujeres, que, imbuidos de un sentimiento profundo de cambio, dijeron: ¡Basta ya, es necesario cambiar! En efecto el cambio se produjo y ganó la UASD.

A lo largo de los años he escuchado, una y otra vez: “vota por fulano, mengano, zutano y perengano”, pero nunca escuché decir “vota por la UASD”, era la expresión de que la institución como objeto de reflexión y preocupación, ya no vivía en la mente de quienes aspiraban a dirigirla.

Coincidiendo con ello desapareció de la agenda de los grupos y partidos políticos. Hoy ninguna fuerza importante del país defiende la UASD, con la intensidad y desprendimiento de otros tiempos.

Quien resultaba electo era quien ganaba, junto al grupo que le acompañaba, que dicho sea de paso asumía que todo estaba perfecto, mientras el comején carcomía la estructura medular del tejido institucional. Por eso cada nuevo rector se queja de su antecesor porque le entregó la universidad en ruinas. Es un asunto sistémico, el que se fue, es el responsable de los males, el que está, vive en la impotencia, y la “solución”, la promete el que viene. Este círculo vicioso, que durante tres décadas pasó inadvertido, es el producto más acabado de esa democracia sin vida que hoy tenemos en la UASD.

La crisis de la democracia en la UASD es hija de la crisis del modelo universitario, que solo espera impaciente la acción consciente de sus mejores hombres y mujeres para irse a descansar al museo de las antigüedades. ¿Qué impide que este acto se consuma? Los beneficiarios de la crisis, que van desde los acreedores, y sus cajas de resonancia los candidatos, hasta los vagos, pasando por los que cobran para permitir el mínimo de estabilidad que tiene la institución.

En conclusión, la anomia de la democracia universitaria se expresa en lo siguiente:

  1. En la inoperancia del cogobierno universitario.
  2. En el relajamiento de la vida institucional.
  3. En el olvido del rol de Faprouasd, la FED y Asodemu.
  4. En las impertinencias y distorsiones acumuladas.
  5. En la ausencia de debates y de crítica con criterio de los asuntos universitarios y nacionales.
  6. En la falta de transparencia de la vida institucional universitaria.
  7. En la falta de supervisión, seguimiento y rendimiento de cuentas.
  8. En la irresponsabilidad de los dirigentes.
  9. En el sistema de elección de las autoridades.
  10. En la falta de orden, disciplina y autoridad.

La democracia nació en Grecia en el siglo V antes de Cristo, en un ambiente de diálogo, y uso público e intenso de la razón en el Ágora, espacio de la Polis, donde se discutían y transparentaban los asuntos políticos; en la UASD de mis sueños, las asambleas, como espacio para la conceptualización, el juicio y el raciocinio perdieron su razón de ser. La democracia fundada por el Movimiento Renovador, en su decadencia, se tornó muda y ágrafa, es decir, sin pensamiento y escritura, o como dirían los griegos, sin logos.

El autor  es un ex decano de la Facultad de Humanidades y exdirector de la Escuela de Filosofía de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).

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